LOS PROCESOS BÁSICOS EN EL AGRO SISTEMA

El funcionamiento de los agrosistemas se puede conocer por muchos caminos, uno de ellos es  a través de los procesos elementales que en ellos se desarrollan

Flujos energéticos

El flujo de energía en los ecosistemas se produce en un único sentido, como fenómeno universal en la naturaleza.

            Los ecosistemas naturales maduros son capaces de mantener su productividad mediante la entrada - exclusiva o predominante - de energía solar. En los agrosistemas, en cambio, el flujo de energía se modifica con la intervención humana que lo dirige - como ya se ha visto - hacia los productos cotizados, y que debe aportar energía suplementaria, traída de fuera del sistema - sea humana, animal o procedente de combustibles fósiles o de otras fuentes - en mayor o menor proporción, según el nivel de simplificación (desestabilización)  que se haya   provocado.

En el olivar la principal entrada de energía es a través de la fijación fotosintética, que realizan las plantas verdes, tanto el olivo, componente básico del escalón de los productores, como el resto de las plantas verdes que puedan estar presentes, de forma temporal o permanente. Esta energía proviene del sol, y  la cantidad fijada depende,

fundamentalmente, de la superficie de captación, ya que el resto de los factores que la determinan son prácticamente invariables.

            Otra energía que entra en el agrosistema es la aportada por el trabajo humano (recolección, poda, desvareto, ect.) que en una primera aproximación es también de origen solar, y  la procedente de energías fósiles – que se ha incrementado notablemente con la mecanización  e industrialización de la agricultura – con el trabajo de las máquinas, la incorporada en los abonos ( en su transporte, aunque sean orgánicos) y en los productos fitosanitarios (elaboración, envasado, transporte).

 En el olivar, como en el resto de los ecosistemas, la energía se almacena en la biomasa, tanto viva como muerta. Hay que destacar, para evitar que pase desapercibido, el camino que sigue la energía contenida en la materia orgánica muerta (hojas caídas, restos triturados de poda, hierba cortada o arrancada por las labores, etc.), que se incorpora al suelo, transformándose  y quedando fijada, en muchos casos, en formas muy estables (humus). Esta es la fuente principal de energía para la vida en el suelo.

 

 Entre las salidas destaca, en el caso del olivar, el aceite, por su concentración en energía, frente al resto de las salidas, mucho mayores en peso y volumen, subproductos de la almazara (orujo y alpechín), y restos de las podas (leña, ramón y varetas),. Estos últimos suelen quemarse sobre el terreno, disipando a la atmósfera la energía contenida (una alternativa a este dispendio, es el devolver esta energía almacenada al sistema, picando los restos de poda y distribuyéndolos sobre el terreno). Así, en el olivar, puede decirse  que se ha conseguido con éxito dirigir el flujo de energía hacia un producto cotizado, como proponía el profesor Monserrat, porque el aceite se lleva un parte notable de la energía acumulada, y el aceite es, o puede ser, un producto bien cotizado.

  fundamentalmente, de la superficie de captación, ya que el resto de los factores que la determinan son prácticamente invariables.

            Otra energía que entra en el agrosistema es la aportada por el trabajo humano (recolección, poda, desvareto, ect.) que en una primera aproximación es también de origen solar, y  la procedente de energías fósiles – que se ha incrementado notablemente con la mecanización  e industrialización de la agricultura – con el trabajo de las máquinas, la incorporada en los abonos ( en su transporte, aunque sean orgánicos) y en los productos fitosanitarios (elaboración, envasado, transporte).

 En el olivar, como en el resto de los ecosistemas, la energía se almacena en la biomasa, tanto viva como muerta. Hay que destacar, para evitar que pase desapercibido, el camino que sigue la energía contenida en la materia orgánica muerta (hojas caídas, restos triturados de poda, hierba cortada o arrancada por las labores, etc.), que se incorpora al suelo, transformándose  y quedando fijada, en muchos casos, en formas muy estables (humus). Esta es la fuente principal de energía para la vida en el suelo.

  Entre las salidas destaca, en el caso del olivar, el aceite, por su concentración en energía, frente al resto de las salidas, mucho mayores en peso y volumen, subproductos de la almazara (orujo y alpechín), y restos de las podas (leña, ramón y varetas),. Estos últimos suelen quemarse sobre el terreno, disipando a la atmósfera la energía contenida (una alternativa a este dispendio, es el devolver esta energía almacenada al sistema, picando los restos de poda y distribuyéndolos sobre el terreno). Así, en el olivar, puede decirse  que se ha conseguido con éxito dirigir el flujo de energía hacia un producto cotizado, como proponía el profesor Monserrat, porque el aceite se lleva un parte notable de la energía acumulada, y el aceite es, o puede ser, un producto bien cotizado.

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