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EL ESTADO DEL SUELO |

¿Cómo se puede averiguar el estado de
fertilidad del suelo?
Es posible hacerlo a través de análisis completos del suelo, tanto los clásicos, de determinación de los parámetros químicos (contenido en nutrientes, matera orgánica, ph, etc.) y físicos (textura, densidad), como aquellos que utilizan técnicas más depuradas de evaluación de la actividad microbiana. Pero, es en cualquier caso un sistema costoso, que exige una cuidadosa toma de muestras, y una interpretación adecuada de los resultados, que no siempre es fácil. Más directo es interpretar los resultados: un suelo fértil es aquel capaz de mantener una producción alta a lo largo de los años, sin deteriorarse. Así que a los resultados de cosecha habrá que remitirse – sabiendo que la cosecha del olivar no sólo depende del suelo, que las condiciones meteorológicas son también determinantes – algunas veces mucho más - y las operaciones de cultivo( poda, desvareto, manejo de la cubierta, labores), o la incidencia de plagas y enfermedadestienen también su influencia.
Claro que para evitar sustos, y, sobre todo, despistes, lo mejor es llevar un control continuado del estado nutritivo de la plantación, y para ello lo más acertado es recurrir a los análisis foliares periódicos (cada tres o cuatro años), igual que se hace - o debería hacerse - en agricultura convencional. Con una toma de muestras representativa cogida en el mes de julio (para nuestras latitudes). Hoy no se dispone de información, propia de la agricultura ecológica, que permita hacer una interpretación de los resultados analíticos diferenciada, pero no hay razones para suponer que la aplicación de las referencias de la olivicultura convencional no sean aplicables plenamente.
La naturaleza suele, además, expresar de muchas formas su estado, y el de la fertilidad de los suelos, sus carencias y excesos, los suele mostrar - si se le deja - a través de un lenguaje, para el que no hay diccionarios en las bibliotecas, pero que es posible aprender e interpretar: la presencia, frecuencia, y/o ausencia de las plantas adventicias o “malas hierbas”. Así la abundancia de leguminosas suele indicarnos escasez de nitrógeno en el suelo, mientras que las crucíferas suelen indicar lo contrario; la grama prefiere suelos arcillosos con la estructura poco desarrollada o en decadencia; los cenizos (Chenopodium sp.) indican buenos contenidos en potasio; los cardos del género Cirsium nos hablan de presencia de agua en horizontes poco profundos, bien sea por que la capa freática esté muy superficial o porque exista una capa impermeable.
Un comentario a propósito de los foliares
En el cultivo ecológico, que
se hace hoy, se emplean con frecuencia abonos foliares- de origen natural (
procedentes de algas o de residuos vegetales, generalmente ) autorizados para su
empleo en la “agricultura ecológica”- con intención de reforzar la nutrición de
los árboles y obtener mayores producciones. Esta vía se situaría fuera de las
consideraciones hechas hasta ahora, por lo que en principio el empleo de abonos
en forma líquida por vía foliar, en el cultivo ecológico se justificaría
únicamente como medida excepcional de socorro. Pero, hay que recordar que en la
agricultura orgánica tradicional se han venido empleando bioestimuladores
naturales, generalmente procedentes de plantas; y este es, precisamente, el
principal efecto de los extractos de algas aplicados al olivar, la estimulación
fisiológica por la acción de hormonas vegetales (citoquininas, principalmente)
y de otros principios, no siempre bien conocidos, pero que influyen
favorablemente sobre el crecimiento y la reproducción celular, por una parte, y
que incrementan, en general, la tolerancia de la planta a las condiciones
adversas, por otra.
Al margen de estas consideraciones, esta
práctica debería revisarse desde un punto de vista exclusivamente económico,
pues no está nada claro que exista una respuesta productiva significativa en
todas las situaciones (igual que ocurre con muchos foliares empleados
olivicultura convencional).
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