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COMO MEJORAR |

Sobre cómo mejorar o, por lo menos, no estropear demasiado estos procesos
naturales
Cómo conseguir algún control sobre el
flujo de energía
Nos interesa dirigir el flujo de energía
hacia el producto cotizado del olivar, el aceite o la aceituna, si es de mesa.
De la figura siguiente, bastante
conocida, se saca una idea clara: cuanto más sol más aceite.
¿Cómo aprovechar el sol lo mejor posible?.
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Captándolo eficazmente: en plantaciones ya establecidas sólo puede
lograrse mediante la poda. Hay que conseguir a un tiempo una gran superficie
foliar (muchas hojas y grandes) y que el sol llegue a la mayoría. Para ello son
necesarias formas de los árboles de gran superficie, la mayor se consigue con
las “entresenadas”, como la de la figura anterior.
-
Hay que recordar que un olivar tradicional adulto raramente cubre más
del 30% de la superficie del terreno, lo que quiere decir que, si se mantiene el
suelo desnudo, se renuncia al uso para la captación de energía gratuita para el
agrosistema de más de las dos terceras partes de la superficie disponible. Es
una realidad que exigirá un planteamiento adecuado en el diseño de nuevas
plantaciones y una revisión crítica de las razones que impulsan a considerar
“bien cultivados” (o “limpios”) a los olivares que carecen de hierba en toda
época.
-
Evitando su paso a otros escalones de la pirámide trófica, para ello es
necesario simplificar el sistema. Y ya sabemos que hay que guardar un discreto
equilibrio, pues a mayor simplificación mayor inestabilidad.
La relación entre energía
obtenida y energía invertida en el sistema (energía fósil y trabajo humano) ha
disminuido en el olivar, como en el resto de los cultivos, al incrementar de
forma notable el consumo de energía fósil. No se trata de renunciar al uso de la
maquinaria, pero si parece razonable recortar al máximo el empleo de factores de
producción derrochadores de energía (fertilizantes nitrogenados, fitosanitarios,
etc), sustituyéndolos por aportaciones de origen orgánico (solares).
Por otra parte el uso de
cualquier energía terrestre genera cierto grado de contaminación que, además, es
irreducible y por tanto acumulativa.
Mejora del balance hídrico del olivar (o
cómo disponer de un poco más de humedad en el suelo)
Ya hemos visto que en el
olivar, como en el resto de los cultivos mediterráneos de secano, el agua es el
principal factor limitante, por lo que si no pueden aumentarse las entradas,
para mejorar el balance, habrá que disminuir las salidas, y aumentar, al
tiempo, la capacidad de almacenamiento. Esto exige:
- evitar las pérdidas por
escorrentía
- aumentar la infiltración
- aumentar le capacidad de
retención de los horizontes superficiales
- evitar la evaporación
directa
- reducir o eliminar la
transpiración de las plantas adventicias
Estas funciones se le han atribuido
tradicionalmente al laboreo, con los distintos aperos (cultivador, grada de
discos, rastra, etc.) y en diferentes épocas a lo largo del año (alzar, binar,
terciar, rastreos de verano, etc.), pero, sólo las ha ejercido medianamente, y
en la actualidad conocemos que su empleo presenta, además, un grave
inconveniente: la erosión. Con el laboreo se consigue:
-
una mejora temporal de la infiltración superficial, que cesa con el paso
del tiempo, o inmediatamente si se produce una lluvia intensa sobre el terreno
recién labrado
-
un control bastante eficaz de las “malas hierbas”, aunque en las labores
de primavera, que se hacen para evitar la competencia por el agua, se produzca
una pérdida, generalmente irrecuperable, de humedad en la capa de suelo removida
-
la aireación del suelo, con pérdida notable de CO2 a la
atmósfera, y oxidación de la materia orgánica ( “arar es abrir la puerta del
horno”, explicaba, muy gráficamente, un viejo profesor de edafología)
-
facilitar enormemente el arrastre del suelo por el agua, la erosión
Es verdad que el laboreo ha sido la forma tradicional de manejar el suelo, que los agricultores siempre han labrado, hasta el punto que en español “labrador” es sinónimo de “agricultor”. Pero también es verdad que hasta los años 50 la tracción era animal y los arados se diferenciaban poco de los utilizados por los romanos veinte siglos antes.
Para evitar pérdidas por escorrentía hay
dos caminos, que no son excluyentes: aumentar la velocidad de infiltración y
poner barreras físicas a la circulación del agua por la superficie, las
características de estas barreras dependerán, fundamentalmente de dos factores:
caudal de agua y pendiente del terreno. Existen muchas y variadas (conocidas en
el ámbito de la conservación de suelos), desde las cubiertas vegetales, sobre
todo el terreno o en fajas, hasta los abancalamientos y terrazas, pasando por
el laboreo con surcos a nivel.
La velocidad de infiltración
de un suelo depende e muchos factores como el contenido inicial de humedad, la
conductividad de los distintos horizontes, la textura, la pendiente, el grado de
compactación, la rugosidad de la superficie, pero nos interesa remarcar dos -
sobre los que es posible intervenir- la estructura del horizonte superficial
y la presencia o ausencia de cubierta herbácea.
La capacidad de almacenamiento
de agua en el suelo radica - en cuanto a factores modificables- en la calidad
de su estructura y en los niveles de materia orgánica.
La evaporación del agua
retenida en el suelo se disminuye al disminuir la radiación solar incidente
sobre el mismo, de tal manera que se disminuya la temperatura en el horizonte
superficial. El empleo de “acolchados” (el “mulching” anglosajón) con
materiales muy diversos, tiene un efecto claramente positivo para este
propósito. La hierba de la cubierta , una vez segada, puede interpretar este
papel; y lo hará tanto mejor, cuanto mayor sea su biomasa y cuanta mayor sea su
persistencia sobre el terreno. Las gramíneas ,en general, tienen una
persistencia mucho mayor que las leguminosas. También hacen este papel los
restos de poda triturados.
Utilización de cubiertas herbáceas
No hay
una receta única para el manejo del suelo y del agua en el olivar, pero si
parece que la utilización de cubiertas herbáceas puede ser una solución
aceptable en la mayoría de los casos. Cubiertas totales, sobre toda la
superficie de la parcela, o en
combinación con otros sistemas de manejo
del suelo, el laboreo principalmente, en toda su amplia gama de posibilidades.
Una cubierta herbácea debe
colaborar en la mejora del balance hídrico del suelo. Aunque en principio
parezca un contrasentido, ya que en cualquier caso colaborará a aumentar la
transpiración, pero en el clima mediterráneo no todos los meses son secos,
existe una parte considerable del año en que la evapotranspiración no supera a
las precipitaciones. Si se observa detenidamente, una cubierta adecuada, viva o
cortada conseguirá todos los objetivos propuestos, actúa de barrera contra la
escorrentía, favorece la infiltración, mejora la estructura superficial, aporta
materia orgánica y, además, protege el suelo contra el golpeteo de la lluvia.
En resumen: mejorará el balance hídrico y protegerá el suelo contra la erosión,
siempre que se evite la competencia en las épocas de escasez.
Evidentemente en
nuestro clima es impensable que la cubierta sea permanente, y para que siendo
temporal el balance sea positivo, es necesario que la desecación de la hierba se
produzca cuando la lluvia esperada pueda, aún, reponer lo gastado. La elección
de ese momento puede parecer imprecisa y difícil, pero los agricultores de
nuestros secanos han venido haciéndola, con acierto suficiente desde tiempo
inmemorial.
Aunque en la determinación
del momento preciso de eliminación esté una de las principales incógnitas de
este sistema, la novedad no está en el momento de eliminar la hierba, sino en la
forma de hacerlo. Si tradicionalmente se ha hecho mediante el laboreo con
distintos aperos, y en varias pasadas consecutivas , ahora se trata de proponer
sistemas que permitan que la hierba siga cubriendo el suelo después de cortada,
para conseguir el doble efecto de acolchado y compostaje en superficie
(protección y enriquecimiento en materia orgánica, en lugar de alterar la
estructura del suelo y de acelerar la mineralización de la materia orgánica,
mediante las labores). En el método de siega radica la principal diferencia
entre los distintos modelos aplicables (siega química - con herbicidas de
contacto y translocación -, siega mecánica - con desbrozadoras -, a diente por
el ganado), aunque también quepan multitud de variantes según la cubierta sea
espontánea o cultivada, según la composición de en este último caso, si es total
o en fajas, etc.
.
Las cubiertas pueden ser de
muchos tipos:
- Inertes
Cubiertas - Espontáneas
- Vivas
- Sembradas
De los distintos tipos de
cubiertas inertes las únicas económicamente viables, en el olivar, son los
restos de poda triturados.
En cuanto a las cubiertas
vivas se conocen los buenos resultados de la cubierta espontánea, que a la
producción de biomasa, añade la ventaja de la diversidad, pero, en este caso,
cuando la cubierta herbácea la forman especies adventicias o "malas hierbas”, si
no se aplica ningún cuidado adicional, será la dinámica propia de estas
poblaciones la que determine la presencia y abundancia de cada una de las
especies; e intervenir sobre estas poblaciones para dirigir su evolución (hacia
una mayor abundancia de leguminosas, por ejemplo) es delicado y exige unas
buenas dotes de observación y una atención continuada.
Por otra parte es posible
elegir y sembrar las especies que deban formar parte de esta cubierta, entre las
que más nos interesen por:
su ciclo biológico,
adaptado a las exigencias del cultivo
-
su capacidad de producir masa verde
-
su condición de fijar nitrógeno atmosférico, que poseen las leguminosas
-
la mayor resistencia a la descomposición, una vez segada, que es
característica de las gramíneas frente a las leguminosas, y que les proporciona
una mayor eficacia en la protección contra la erosión
-
la capacidad de actuar como “bombas de nutrientes”, recuperando los
nutrientes lixiviados, o movilizándolos de los horizontes profundos
-
el carácter de nectarífera o polinífera, que puedan presentar algunas
especies, por su interés en el mantenimiento de las poblaciones de insectos
auxiliares
-
En este caso para la elección
de las especies a sembrar habrá que tener en cuenta:
- que sea de siembra otoñal
- que sea de siega fácil y
económica
- que tenga buena capacidad de
producir biomasa, para mantener el suelo cubierto en invierno
- que deje restos después de
la siega, que permanezcan cubriendo el suelo hasta el otoño
- que tengan capacidad para
fijar nitrógeno
- que tengan un consumo de
agua moderado
- que tengan un ciclo corto para que se
resiembre antes de la siega
Está claro que no existe la
especie “ideal”, por lo que habrá que elegir, entre las disponibles, aquella que
se aproxime más a nuestras necesidades más perentorias. Se suelen utilizar como
cubiertas leguminosas, gramíneas o asociaciones de ambas. Las leguminosas tienen
capacidad para fijar nitrógeno, pero sus restos se descomponen más rápidamente
que los de gramíneas. Las gramíneas persisten mucho más tiempo sobre el terreno,
facilitan la infiltración del agua en el suelo por su especial estructura
radicular, pero se controlan mucho peor por siega. Si se utilizan cubiertas
mixtas, gramíneas-leguminosas, para aprovechar las ventajas de ambas se aumenta
el consumo de agua.
Una última consideración: no hay ninguna razón para tener que establecer un sistema único – en toda la explotación, para todas las parcelas, para todos los años - para el manejo del suelo, son posibles muchas variaciones en el espacio (distintos tratamientos en los ruedos y en las camadas, laboreo, siembras o cubiertas espontáneas en fajas, en cordones, etc.) y en el tiempo (rotaciones de los distintos tratamientos), aquí la diversidad, seguramente, sea también un valor.
Sobre cómo mejorar el balance de
nutrientes, o ¿es conveniente empeñarse en cerrar sus ciclos?
En los ecosistemas naturales los
nutrientes se utilizan una y otra vez, no es necesario aportarlos de fuera. En
los agrosistemas ya hemos visto que estos ciclos no cierran o cierran mal, y, a
primera vista, parecería conveniente cerrarlos para evitar el agotamiento de los
nutrientes en el suelo. Pero, ¿es posible cerrarlos?
En el olivar las
salidas más importantes - en cantidad- no se deben a la cosecha, y de la cosecha
tampoco toda tiene el mismo valor. Se puede mejorar notablemente el balance de
nutrientes, centrándose en un único objetivo general: cerrar los ciclos de
los nutrientes; pero, conviene concretar más y establecer algunos objetivos
específicos para lograr el primero, y estos pueden ser:
*disminuir al mínimo las salidas,
especialmente las inútiles y las más importantes en cantidad y calidad, de las
cuatro que se presentan las dos primeras son fundamentales, mientras que las
dos últimas tienen importancia sólo en casos muy localizados:
-
evitando las pérdidas por
erosión, que son las de mayor
importancia cuantitativa y cualitativa , para ello es indispensable la
aplicación razonable de las técnicas de conservación de suelos
-
recuperando los
subproductos de la almazara
para su uso como fertilizantes orgánicos, por medio del compostaje
- limitando las pérdidas por lixiviaciación (lavado de nutrientes en profundidad). Los problemas de lixiviación se pueden resolver mejorando la retención del complejo de cambio de las capas superficiales del suelo, mediante el incremento de la cantidad de materia orgánica, la escasez de materia orgánica en el suelo limita - entre otras cosas - la fijación de nutrientes en el complejo arcillo-húmico, favoreciendo su lixiviación (caso del N en los suelos mediterráneos). Y también, en los casos de suelos excesivamente ligeros (arenosos) con la utilización de cultivos que actúen como “bombas de nutrientes”
-
reduciendo las pérdidas por volatización, bien sea del amoníaco
(procedente de la reacción de las sales amoniacales en medio alcalino, que se ve
favorecido en las épocas con altas temperaturas, y que sólo es evitable
procurando la adición de materia orgánica bien fermentada, con el nitrógeno
incorporado en forma de complejos naturales, y con el manejo en invierno), o del
nitrógeno reducido, que sólo se da en suelos encharcados, por lo que basta con
evitar estas situaciones , que por otra parte no favorecen en nada al olivar.
*aumentar al máximo las entradas no
subsidiadas:
-
fijación biológica de N (simbiótica y libre), con la famosa labor
de las bacterias del género Rhizobium asociadas a las raíces de las
leguminosas, y la menos conocida acción de los microorganismos libres fijadores
de nitrógeno, como Azotobacter, cuya actividad se potencia con la presencia de
restos ricos en fibras vegetales.
- fijación fotosintética, que depende
de la superficie de captación
*aumentar la disponibilidad de los
nutrientes, haciéndolos
accesibles para las plantas, facilitando el último paso del ciclo. Como esta
labor la realiza la población microbiana del suelo, protagonista - como ya se ha
indicado- de los procesos de fijación y movilización de los nutrientes, se puede
potenciar incrementando la actividad biológica del suelo. Esta potenciación se
consigue:
- proporcionándole la materia orgánica (energía solar almacenada) que necesita para mantenerse en funcionamiento. La materia orgánica, o se trae de fuera del sistema, con el coste (económico y ecológico) que esto suponga, o se genera dentro, y para ello es indispensable:
1.- Aprovechar los
subproductos
2.- Contar con la aportación de la hierba,
sea espontánea o cultivada.
- disminuyendo las pérdidas
de materia orgánica del suelo, aceleradas por el labore
- incrementando la actividad
metabólica de los microorganismos mediante la utilización de los “abonos
verdes”.
El tema de los abonos verdes,
técnica clásica en la agricultura ecológica, merece una consideración
especial, pues el manejo tradicional de este tipo de abonado conlleva no sólo
la siembra de la o las especies elegidas, sobre la totalidad del terreno o sobre
las calles, y su siega cuando alcanzan el desarrollo adecuado – lo que coincide
plenamente con el manejo de cubiertas herbáceas sembradas, descritas al tratar
el balance hídrico - sino que exige también el enterramiento en superficie con
una labor ligera, una vez que se ha dejado unos días descomponerse en
superficie. Una labor... ¿Pero no habíamos quedado en suprimir las labores? Dice
el refrán que “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Habrá muchas situaciones en que
sea preferible dejar la hierba segada sobre el suelo, para obtener una buena
protección y sobre todo para no favorecer la erosión, así es como ocurre en los
sistemas naturales, en los que nadie entierra los residuos vegetales, que se
incorporan poco a poco. En otras, en cambio, las condiciones particulares
permitirán el enterrado, que debe ser siempre muy superficial..
Las plantas herbáceas
disponen, en general, de un sistema radicular mucho más extenso y superficial
que el del olivo, por lo que la competencia por los nutrientes en la época de
máximo desarrollo del “abono verde” podría ser muy desigual. Habrá que encontrar
la forma de desviar el flujo de nutrientes desde el estrato herbáceo hacia el
sistema radicular del olivo, más restringido y profundo. Para conseguirlo habrá
que lograr, simultáneamente:
-
que la hierba devuelva sus nutrientes al suelo (siega y descomposición en
superficie)
-
que el árbol extienda al máximo, y sobre todo en el horizonte
superficial, sus raíces absorbentes, para ello parece recomendable suprimir o
restringir al máximo el laboreo.
-
-que se potencie al máximo la capacidad de absorción del sistema
radicular del olivo, favoreciendo la colonización por micorrizas positivas.
Las especies más empleadas como “abonos
verdes” son de las dos familias ya citadas: gramíneas y leguminosas, con sus
ventajas e inconvenientes; pero tampoco hay que olvidar otras familias botánicas
como las crucíferas o brasicáceas ( la colza y los jaramagos son, seguramente,
sus representantes más conocidos junto con las coles y los rábanos) que producen
una importante masa verde en poco tiempo, y de la que algunas especies pueden
actuar como “bombas de nutrientes” (ya se ha hablado de esto). O otros géneros
de plantas, como la Phacelia, una planta ornamental de origen
norteamericano, con cierto predicamento como abono verde entre los cultivadores
ecológicos europeos por su influencia positiva sobre la actividad de algunos
insectos auxiliares (las crisopas, en el caso del olivar). Para facilitar la
elección se presentan en el siguiente cuadro las especies utilizadas como
“abonos verdes” más frecuentes para su empleo en olivares de secano, con sus
características más importantes:
LOS SIGUIENTES PORTALES
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EL FRACASO ESCOLAR, EL ACEITE Y EL CANTE |
|
EL CANTE Y EL ACEITE |
CÓRDOBA, ENFERMERA Y LUPUS |
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SALOME EN LA COCINA |
MI PRIMER TRABAJO |
Esta función la pueden desarrollar algunos abonos verdes , de sistema radicular profundo, que recuperan los nutrientes , movilizándolos desde horizontes profundos , y los transforman en biomasa propia, para volverlos a poner adisposición de las raíces superficiales a través de la humificación y mineralización (Avila Cano, 1996).
Ejemplo
paradigmático es el caso del fósforo (P) en los suelos alcalinos,
puesto a disposición de los pelos radiculares del olivo por la acción
movilizadora de las micorrizas (Avila Cano, 1996), y también lo es la
actividad de las bacterias Nitrosomonas y Nitrobacter del ciclo del
nitrógeno (N)