COMO MANTENER LA DIVERSIDAD

Sobre cómo simplificar la estructura y especializar las comunidades (sin pasarse) o de cómo mantener la diversidad

 

            Para que el olivar sea productivo es indispensable simplificar su estructura y especializar sus comunidades vivas, en el sentido de que el olivo sea el vegetal fotosintetizador dominante, que capte el máximo de radiación solar posible, manteniéndolo en  un estado juvenil permanente (mediante la poda) , e intentando conseguir que en el escalón de los consumidores secundarios, los predadores y parásitos de los insectos “plaga”, sean , por lo menos suficientes para mantener las poblaciones de sus presas, o huéspedes, bajo control. Habrá casos en los que interese una especialización, secundaria, de los vegetales en la fijación de nitrógeno, o en la protección del suelo.

            La verdad es que nuestros olivares ya están suficientemente simplificados y especializados, en general en exceso. Así que el problema no es cómo simplificar para obtener una producción adecuada, sino cómo mantener la diversidad necesaria para no hundir la estabilidad.

            La primera norma es suprimir  o reducir al máximo aquellas  acciones que acentúan la pérdida de diversidad, como:

            - el empleo de biocidas (los naturales también matan)

            - la eliminación de las manchas de vegetación natural

            - la extensión desmedida del olivar ,como monocultivo

                                     

                En ningún aspecto del cultivo queda tan clara esta relación como en el de las plagas. Estas no aparecen como tales en el esquema propuesto del “agrosistema olivar”, quedan incluidas - ¿disimulando? - entre los fitófagos, dentro de una lista mucho más extensa que la lista más completa de plagas que un pesimista pueda elaborar. El que una  o varias de estas especies dispare su población y llegue a  presentarse, habitualmente, como una amenaza es algo a lo que estamos acostumbrados y que aceptamos como normal, pero que no tiene por qué serlo. Los controles naturales han saltado, el equilibrio se ha roto. La intervención humana ha simplificado tanto el sistema que la estabilidad se ha hundido.

                Si para remediar este desequilibrio disminuimos aún más la complejidad, interviniendo de forma drástica en el agrosistema, aplicando tóxicos de amplio espectro - químicos o naturales - , el equilibrio será cada vez más difícil de recuperar y serán necesarias nuevas intervenciones - más tratamientos, más energía gastada - una dinámica en espiral creciente de la que es difícil escapar. No pueden combatirse los efectos - las  plagas - de la desestabilización, insistiendo en disminuir, aún más, la estabilidad. Y esta afirmación es válida, tanto para los tratamientos con productos químicos de síntesis como para los realizados con productos de origen vegetal  e, incluso, para algunas formas de lucha dirigida como el trampeo masivo, si las trampas no son selectivas en un alto grado.

[1] Es evidente que el impacto sobre el sistema de cada insecticida es diferente, como es diferente su forma de acción, su composición química, su persistencia, la toxicidad propia y de sus metabolitos, etc. Tampoco es igual la forma de aplicación (pulverización, espolvoreo, atomización , y que esta sea : total , en bandas, parcheos) , ni son indiferentes las dosis  y los momentos de aplicación., que en  muchos casos llegan a ser determinantes. 

Vistas de esta forma, las plagas son un síntoma de una enfermedad del sistema -la pérdida de estabilidad - y no será suficiente un tratamiento sintomático, aunque, en algunas ocasiones sea necesario para evitar pérdidas económicas. Si la estabilidad se pierde por reducción de la diversidad, la única intervención coherente será la  restauración de la diversidad  perdida. Pero no cualquier diversidad, no se trata de aumentar cuantitativamente el número de especias presentes de cualquier manera. La diversidad no es sólo cuestión de número de especies, es también, y principalmente, cuestión de interrelaciones entre los elementos que componen el sistema. En el caso de los agrosistemas se trata de establecer, o restablecer, una diversidad con relevancia específica, útil, cuyo valor haya sido probado. En el caso del olivar este es, por desgracia, un campo en el que está casi todo por hacer.

 


 

 Es evidente que el impacto sobre el sistema de cada insecticida es diferente, como es diferente su forma de acción, su composición química, su persistencia, la toxicidad propia y de sus metabolitos, etc. Tampoco es igual la forma de aplicación (pulverización, espolvoreo, atomización , y que esta sea : total , en bandas, parcheos) , ni son indiferentes las dosis  y los momentos de aplicación., que en  muchos casos llegan a ser determinantes. 

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