CICLOS DE NUTRIENTES

Si la energía fluye a través del ecosistema  en una única dirección y sin posibilidad de reutilización, no pasa lo mismo con los materiales que pueden circular indefinidamente por la cadena trófica, recorriéndolas de forma cíclica, eso sí,  con velocidades muy diferentes, y a  través de un complejo entramado, en el que el componente vivo del suelo interpreta el papel de protagonista.

En los agrosistemas en general, y por tanto en el olivar, el ciclo de algunos nutrientes está abierto o mal cerrado, y se producen grandes pérdidas. Los elementos  salen fuera del sistema porque nos los llevemos nosotros con la cosecha  y también  por otros procesos - esta vez no deseados - que se originan  o se aceleran con determinadas prácticas de cultivo, como son la  lixiviación en profundidad (o sea, la penetración  con el agua, hasta profundidades superiores a lo que alcanzan las raíces del cultivo) ,  la erosión, en la que el agua suele ser también el vehículo de transporte, o la volatización de elementos gaseosos. No todos estos procesos tienen la misma importancia, ni en cantidad ni en calidad.

  El olivar, como todos los bosques mediterráneos de hoja perenne - el que esté aclarado no lo descalifica en este aspecto - guarda en su biomasa (su masa viva: sus hojas, ramas, tronco, raíces) grandes cantidades de nutrientes, por orden de importancia: calcio, nitrógeno, potasio, magnesio y fósforo. Los nutrientes contenidos en la madera quedan secuestrados del ciclo general durante largos periodos, mientras que los existentes en las hojas, flores y frutos circulan mucho más rápidamente. Las hojas son muy ricas en nitrógeno, mientras que el calcio se acumula en los troncos, en la madera y la corteza. La mayor parte de la biomasa, como es evidente, corresponde a las partes leñosas.

  Una visión global  del movimiento de nutrientes en el olivar se muestra en el cuadro siguiente:

ENTRADAS

SALIDAS

ALMACENAMIENTO

RECICLAJE

Subsidiadas

Fertilizantes orgánicos

Aceituna

Biomasa

Ceniza de quema de ramas

 

Hojín

Materia orgánica del suelo

Hojas caídas

No subsidiadas
 

N precipitado por la lluvia

Ramón

Complejo de cambio del suelo

Hierba incorporada al suelo

 

N fijado biológicamente

Leña

 

 

 

C,H y O fijado en fotosíntesis

Erosión

 

 

 

 

Lixiviación y volatización

 

 

 

Adaptado de Ávila Cano (1996).

Entradas

En la entrada de materiales en el olivar se distinguen claramente dos grupos: las entradas que se producen naturalmente (no subsidiadas) y las que hace el hombre con sus aportaciones (subsidiadas).

            En el  primer grupo se pueden establecer otras dos categorías:  los nutrientes cuya entrada se produce en el proceso de la fotosíntesis (C, H, O), de los que - como se ha indicado más arriba podemos despreocuparnos de momento, señalando antes que en el olivar el olivo es el organismo fotosintetizador casi exclusivo-; y el nitrógeno (N) por otra parte. Aquí las entradas incluyen dos procesos distintos y de muy diferente importancia cuantitativa:

    - la fijación biológica de nitrógeno, que podría llegar a ser suficiente para cubrir las necesidades del cultivo, pero que está  - normalmente - limitada por los bajos niveles de materia orgánica en el  suelo y por la ausencia de otras plantas, como las leguminosas

       - los arrastres de compuestos nitrogenados por la lluvia, de mucha menor cuantía , excepto en condiciones excepcionales.

           

- Salidas

            Sobre las salidas hay que señalar dos aspectos de importancia:

1.      Que hoy por hoy, la mayor salida de nutrientes del olivar andaluz, no se debe a las extracciones de la cosecha, ni a los restos de poda, se debe a los arrastres de partículas del suelo por la erosión.

2.      Que de las extracciones por cosecha, lo que realmente tiene valor, el aceite, está constituido – casi exclusivamente -  por carbono, oxígeno e hidrógeno (C, O, H), los tres elementos que el árbol toma en el proceso de la fotosíntesis del aire y del agua, no del suelo.

 

. En el ejemplo siguiente se presenta  un cálculo aproximado de los movimientos de potasio (K) en olivar - sobre datos  medios de los olivares de Génave y para 1.000 Ha:


 

 


 

La erosión  del suelo en los olivares andaluces supone una pérdida media anual de 80 Tm/Ha. Teniendo en cuenta que la erosión  suele arrastrar las capas superficiales del suelo, las más ricas en materia orgánica, y de estas preferentemente las partículas de tamaño arcilla, las más activas químicamente, responsables de la capacidad de intercambio de un suelo; las pérdidas por este motivo  se pueden estimar como de la mayor importancia.

 La lixiviación (lavado y arrastre por el agua) de nutrientes en profundidad, fuera del alcance de las raíces, es poco significativa en los olivares de secano, las zonas más sensibles son los centros de las calles, donde hay menos raíces . En los olivares de riego estas pérdidas pueden ser mucho mayores ,  especialmente si la dosificación  del riego no está bien hecha.

 La volatización (pérdida de nutrientes en forma de gas) , como la lixiviación, afecta principalmente al nitrógeno que se pierde a la atmósfera en forma  de amoniaco, a partir de la materia orgánica o de las aportaciones de formas amoniacales sintéticas; o como nitrógeno reducido en condiciones de anaerobiosis, con la colaboración de bacterias del género Pseudomonas .

Mientras que las salidas de materiales consideradas hasta aquí pueden considerarse “pérdidas”, no sería coherente darle el mismo calificativo a las salidas por cosecha. El objetivo que se persigue con el cultivo suele ser maximizar - precisamente- esta salida. En el olivar de almazara de la cosecha extraída sólo una pequeña parte - alrededor del 21% - es realmente valiosa: el aceite; el resto tiene la consideración de subproductos de poco valor, cuando no es un residuo de problemática eliminación, como el alpechín. Como se ha indicado unas líneas antes, con el aceite no se extraen nutrientes del suelo, así que todo – o casi todo – el nitrógeno (N), el potasio (K), el fósforo (P) y el resto de elementos que nos suelen traer de cabeza, porque es indispensable aportarlos en el abonado, al suelo o vía foliar, resulta que se extraen con el orujo y el alpechín, o sea, que más o menos, se acaba tirando.

Las extracciones por leña de poda, que se emplea como combustible, podrían compensarse - en cuanto a nutrientes se refiere - con la devolución al olivar de las cenizas, aunque no se hace, sino que suelen ir a incrementar, los ya voluminosos, ”residuos sólidos urbanos”. En el caso del “ramón de poda” y de las “varetas” que se queman en la misma finca, se devuelven los minerales, aunque no la materia orgánica acumulada, y además no suelen distribuirse de forma regular, sino que quedan acumuladas las cenizas en el lugar donde se hizo la lumbre.

- Reciclaje

Reciclaje de materiales, en sentido estricto, sólo se produce con las hojas caídas bajo la copa del árbol,  y con la biomasa de la hierba adventicia que se incorpora al suelo con las labores. Pero sería posible hacerlo en un alto grado, y de forma económica, si se considera el escaso valor actual del subproducto principal: el alperujo. Ya hay experiencias sobre el “compostaje” de esta materia, mezclado con el hojín que se separa en la misma almazara y enriquecido con un poco de estiércol, para facilitar la labor de los microorganismos que trabajan en estos procesos

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