SOLUCIONES BASADAS EN LA VOLUNTAD COMÚN |

La solución ante el llamado «fracaso escolar»
es complicada, pero posible. Es necesario, de entrada, una mayor presupuesto
para la educación por parte de la Administración, de forma que los centros
dispongan de los suficientes medios económicos, humanos y materiales para lograr
los niveles de calidad deseados, teniendo en cuenta especialmente las escuelas
de educación especial y el colectivo de alumnos más desfavorecidos y con más
riesgo de abandono. Asimismo, los poderes públicos han de hacer una evaluación
continua y seria del sistema para detectar así los problemas más acuciantes e
intentar paliarlos.
Junto a esto, se impone una mayor participación de los padres en la actividad
educativa. La relación de éstos con los profesores es esencial para el propio
desarrollo del alumno con retraso académico. En este aspecto, tienen un
importante papel los mencionados departamentos de orientación de los colegios.
La figura del psicólogo o pedagogo único debe acompañarse por un equipo de
profesionales cualificados, entre ellos un grupo de trabajadores sociales que se
dediquen sobre todo a los colegiales más desmotivados y conflictivos. El
cuerpo de maestros, en este sentido, ha de estar preparado para impulsar una
nueva forma de enseñar, más activa y ligada al entorno y a la realidad, y que
sea capaz de desarrollar en todos los niños el deseo de aprender.
El profesorado de apoyo es otro de los asuntos a reforzar, dotando a los
centros de un mayor número de docentes para realizar en cada momento las
adaptaciones curriculares que precisen los jóvenes. En una situación social en
la que el descenso de natalidad comienza a producir una reducción en el número
de escolares, las administraciones han de aprovechar esta circunstancia, no para
reducir la plantilla de educadores, sino para aumentar los apoyos en las
escuelas. Al contar con estas ayudas, los centros podrían atender a la
diversidad de alumnos, de manera que los que encuentran mayores problemas de
aprendizaje pudieran salir de sus grupos de referancia y ser atendidos en grupos
más reducidos durante el período de tiempo necesario para superar las
dificultades, transcurrido el cual podrían volver a integrarse en su curso.
El hecho de que todos los institutos de secundaria, también los públicos, puedan
acoger la etapa completa, es decir, con la educación primaria, supondría, según
los expertos, una unidad de acción que evitaría muchos problemas a los
estudiantes de riesgo. A su vez, la distribución equilibrada de la población
escolar menos aventajada en colegios públicos y concertados facilitaría la labor
docente, reduciendo así los niveles de fracaso. Cuando éste se diera desde la
etapa de educación infantil, habría que prestar una especial atención a los
alumnos que viven en sectores sociales desfavorecidos.
Estas medidas de prevención y solución del fracaso escolar son fruto de
una voluntad común de profesores, padres, estudiantes y administración
educativa. El protagonista es el niño en edad escolar, y toda la sociedad en su
conjunto debe aunar esfuerzos para poder acabar con un problema que afecta en
nuestro país a uno de cada cuatro jóvenes.
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