LA ESCUELA, FAMILIA Y MEDIOS

Desde la sombra de un olivo, junto a la tierra reseca, comienzo a pensar sobre la familia, la escuela y los medios, siempre me surgen una serie de problemáticas relacionadas con la violencia, sexismo y anorexia, incomunicación, fracaso escolar y un largo etcétera, que me exigen una reflexión, la cual plasmare en este dúctil papel, con mis pobres conocimientos de “obrero del campo” con la autorización de los maestros Álvaro y Tolete. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos y alumnos si no tenemos en cuenta la cantidad de horas que ellos dedican al consumo de estímulos visuales y sonoros. Un Gañan ironizaba diciendo que para qué iba a llevar los niños a la escuela ¿para des-educarlos? Ahora bien, la integración de los cómics, programas de radio y tele, revistas y videojuegos en el currículum escolar y familiar es inviable sin el trabajo coordinado y común de la familia y el colé

Las culturas de la palabra y de la razón son reliquias si tenemos en cuenta cómo se comunican, sienten y conocen nuestros jóvenes. En los mal llamados medios de comunicación, la imagen es la reina absoluta. Sin ella no hay nada. Si un telediario o informativo carece de imágenes, carecerá de noticia. Una realidad sin imágenes no existe para los medios, y en gran medida para el ciudadano. En esta última década la televisión ha impuesto una estética que hasta la prensa adopta y adapta. Cada vez se parecen más las grandes portadas a un primer plano televisivo, importa más quién presenta el telediario que el telediario mismo; importan bastante poco los programas políticos porque sus representantes - como diría El Gañan- están más pendientes de los maquilladores que de las ideas y muy especialmente de las ideas de nuestro actual alcalde. En Estados Unidos, una de las mayores novedades periodísticas ha sido USA Today que en los últimos años se ha colocado en segundo lugar de ventas. Artículos muy cortos, mucha fotografía en color, especial énfasis en las noticias de gusto generalizado como deporte y consumo han sido la clave de su éxito. Todo muy televisivo. Hablando claro, la realidad es un espectáculo, como tal vende y como tal nos la presentan. Como señala la fórmula ya clásica de Haas, la imagen llama nuestra atención, mueve nuestro interés, despierta nuestro deseo y provoca una acción. ¿Qué acción? La mimética, la que reproduce los esquemas y estructuras imperantes. La cultura del clinex, úsese y tírese, pero consuma. Con mucho gusto consumimos imágenes y secuencias que no nos exigen ningún esfuerzo, que gratifican nuestras sensaciones escópicas y que permanentemente nos distraen. ¿Puede una persona crecer cuando las veinticuatro horas del día, todos los días del año, quiere estar distraída? Ya vaticinó hace unos años Freire que las postrimerías de siglo estarían "llenas" de imágenes que sólo serían de algunos, pero no nuestras. Fabricadas por otros, estas imágenes están pensadas para crear unas inquietudes, un estado de opinión, unas necesidades que para nada tienen en cuenta nuestros intereses y necesidades. Sabemos que el discurso de la seducción funciona desde la penumbra y las distancias cortas. Echar el freno, dar un paso atrás y mirar de frente el mensaje de la opulencia nos obliga una nueva mirada y a otro conocimiento. El eslogan sería "Mirar para ver y sentir para pensar".

Desde una pedagogía de la prevención y del consumo

Es paradójico que estemos ante un consumo que nos ocupa varias horas al día, pero que nos despreocupa. No nos han enseñado a ver la tele, tampoco a consumirla. Encendemos el lavavajillas, el microondas y la lavadora cuando es necesario, pero ¿para qué y cuándo encendemos el televisor? La tele es un electrodoméstico y algo más. Ofrezco desde aquí, según mi humilde opinión, a padres, madres y educadores unas pautas para educar en el consumo televisivo y facilitar la prevención de problemáticas que con la adolescencia y aún más tarde serán difíciles de solucionar.

Actitudes familiares a mejorar frente y con el TV

·    Ver la TV mientras se come: corta los pocos momentos de comunicación familiar.

·    Utilizar la TV para tener quietos y controlados a los niños: nos impide saber lo que ven y dialogar con ellos sobre sus preferencias.

·    Ignorar el tiempo que nuestros hijos dedican a la TV y sus gustos.

·    Emplear la TV como premio o castigo: realza su importancia y puede incentivar la ansiedad.

·    Hacer los deberes con la TV y zapear constantemente.

·    Ponerse frente a la TV para ver qué echan.

Actitudes familiares a potenciar.

·    Ver juntos la TV y comentar los programas con ellos: así ayudamos a construir sus propios criterios, emitir juicios sobre los contenidos, valorar la calidad de la información, suavizar los efectos de determinadas escenas.

·    Seleccionar los programas cuando los niños son pequeños, y ayudarles a que tengan criterios de selección cuando son más mayores: utilizar la programación.

·    Dosificar el consumo y organizar quién decide cada día lo que se quiere ver: del diálogo y consenso deben salir los compromisos.

·    Desmitificar la tele y sus programas dialogando sobre los efectos, trucajes y recursos para dramatizar. Contrastar la realidad con lo que nos ofrecen: una visita con nuestros hijos a una superficie comercial puede ser una excelente actividad de educación para el consumo, de modo que se compare la realidad con lo que nos presenta la publicidad.

·    No rehusar la conversación sobre programas, tipos, situaciones y estereotipos que aparecen con frecuencia, para valorar su incidencia y relativizar su importancia.

En mi  experiencia como obrero del campo con mi familia he observado, no pocas veces, que del "no saber qué hacer" se pasa al "dejar hacer". Ésta es la mejor salsa para que aparezcan innecesariamente los conflictos.

 

COMO OBRERO DEL CAMPO REALIZO ESTA SUGERENCIA DIDÁCTICA

Cómo preparar una sesión de hora y media de formación para familias en torno a la TV y su problemática.

Los que estéis acostumbrados a trabajar en escuela de padres o similares - nosotros preferimos llamarlo diálogo entre padres- estaréis de acuerdo en la importancia que se da y tiene que "ellos y ellas" dialoguen y expongan sus conflictos. Por ello dividiremos la sesión en tres momentos.

Introducción y motivación

El punto de partida puede ser la utilización de un fragmento de programa o anuncio. O la aportación de titulares, datos o frases que verifiquen la influencia que los medios, y especialmente la tele, tienen en sus hijos. O una tormenta de ideas sobre los pros y contras de la existencia del televisor en casa. De cualquier modo, al empezar deben aparecer algunas ideas: que la tele ni es buena ni mala, que no sólo depende del uso, pero debemos integrarla y convivir con ella en la familia y en el centro educativo; que es más importante la actitud y cómo vemos la tele que la cantidad de horas que dedicamos a verla; que este medio tiene un lenguaje y un poder de fascinación debido a la imagen y a su capacidad de emocionarnos; que se debe diferenciar la realidad de la imagen, pues ésta no es más que una representación de la realidad; que desde una cultura de la prevención y el consumo podemos integrarla positivamente en nuestras vidas y la de nuestros hijos e hijas.

Reflexión y diálogo

Se puede provocar a partir del estudio de casos que podemos desarrollar sobre determinadas problemáticas comunes en el uso y abuso televisivo; con la presentación de alguna tira cómica - muy abundantes en las revistas y periódicos- ; mediante un documento audiovisual o proyección de choque y un cuestionario también podemos optimizar este segundo momento de la dinámica. En cualquier caso es esencial que ellos y ellas hablen, que haya un tutor-padre en cada grupo para moderar y que se recojan las ideas esenciales para un tercer momento. Dos cuestiones propuestas, desde la experiencia, como incuestionables para plantear el diálogo: 1) ¿Es la TV causa de conflictos domésticos en tu familia, cuáles? (se trata de identificarlos y describirlos) y 2) ¿Los habéis afrontado y solucionado? ¿Cómo? Lo más frecuente es que el conflicto y su solución estén en proceso, pero estas cuestiones - que admiten infinidad de formulaciones y planteamientos- son básicas para mover el diálogo y centrar la dinámica. La participación es mucha y vibrante.

Síntesis

Si se hace puesta en común, debe evitarse el cúmulo de repeticiones y fomentar la sana discrepancia. Conviene finalizar con una serie de orientaciones que las familias se lleven a sus casas a modo de documento (para el responsable de la dinámica pueden ser útiles los cuadros de recomendaciones ofrecido en el apartado anterior)

 

Bibliografía

l. Postman, N.: Divertirse hasta morir, Barcelona, Ed. de la tempestad, 1991.

2. Pérez Tornero: El desafío educativo de la TV, Barcelona, Ed. Paidós, 1994.

3. Orozco, G.: Televidencia, México, Universidad Iberoamericana, 1994.

4. Echeverría, J.: Telépolis, Barcelona, Ensayos Destino, 1994.

5. Zunzunegui, S.: Pensar la imagen, Madrid, Ediciones Cátedra, 1989.

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