LA CORRIENTE PSICOAFECTIVA

La corriente psicoafectiva pone en relación el proceso de construcción de la personalidad del niño con el desarrollo de su escolarización. Se han identificado cuatro grandes etapas escolares marcadas por momentos de ruptura:

Cada momento de ruptura exige adaptarse a nuevas situaciones. Frente a esas exigencias los niños no tienen la misma disposición. Algunos sufren alteraciones que afectan al comportamiento escolar. Las alteraciones de la escolarización se analizan como una "especie de sustituto de un conflicto psíquico menos llamativo pero que afecta a la personalidad en su totalidad"

El niño puede llegar a encerrarse en un claro rechazo del centro escolar. Para algunos autores, el rechazo de la escuela durante la adolescencia manifiesta una reacción contra la madre y una dificultad para aceptar al padre. El niño también puede reaccionar con un rechazo escolar pasivo que se traduce por una falta de iniciativa. "Se encuentra en el entramado de dificultades con los docentes o de reacciones a un fracaso pero puede responder a posiciones regresivas que sobrepasan el problema propiamente escolar". La inhibición intelectual que caracterizan esas situaciones de rechazo puede engendrar perturbaciones neuróticas graves.

Además hay formas de decaimiento más soterradas y muy importantes que afectan a los alumnos considerados "normales" pero en situación de fracaso escolar. Así pues, algunos estudios han revelado que durante los primeros meses de la educación secundaria los alumnos sufren frecuentemente alteraciones somáticas que se traducen en una angustia profunda. El escolar puede adoptar también actitudes contradictorias pasando de la cólera al ensueño, expresando brusca oposición al entorno, actitudes que ilustran desórdenes de la afectividad. Esas alteraciones van acompañadas de una falta de interés hacia la escuela por parte del alumno que coloca fuera de ésta sus centros de interés.

Algunos investigadores han establecido estrechas correlaciones entre fracaso escolar y situaciones psicoafectivas particulares.

De acuerdo con la línea de esa corriente el fracaso escolar se analiza como una respuesta a la actitud de rechazo o superprotección de los padres. Con mucha frecuencia, cuando la autoridad paterna es opresora, el niño transfiere su agresividad a sus profesores y al centro educativo. Durante la adolescencia "la construcción, difícil a veces, del Yo exacerba el espíritu de independencia y las reacciones de oposición; puede multiplicar los choques con la autoridad escolar y familiar. A menudo se toma la escuela como una institución coercitiva sin relación alguna con los nuevos focos de interés de esa edad".

 

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