A LA ATENCIÓN DE LA TUTORA, INTERINA, DOÑA CONCHA RUIZ.

Doña Concha Ruiz

 

                                     Desde hace algún tiempo, tenia el deseo de dirigirme a usted, como padre interesado en la formación de mi hijo y su alumno Enrique Jorge Delgado Gallardo.

                                     Mi formación es muy primaria, pero basándome en ella..... tratare de exponerle mi desacuerdo con la actitud del centro, con mi hijo y su alumno.

                                     Considero que el amor y el respeto del profesor al niño deben de prohibirle en su trabajo de tutela y de enseñanza el empleo del procedimiento sumario de los antiguos déspotas, la amenaza y el terror: no tiene a su disposición más fuerza que la superioridad moral asegurada al educador por el ascendiente de su estatura y de su fuerza, su edad, su inteligencia y sus adquisiciones científicas (su formación) su dignidad moral y su conocimiento de la vida. Ya es mucho, siempre que el niño conserve el pleno dominio de sus facultades y no se disminuya por el exceso de trabajo.

                                     Admito que la educación es una colaboración entre el alumno que se presenta con su carácter propio, sus hábitos y costumbres particulares, su vocación especial, y el profesor que debe de utilizar esos elementos para la obra de desarrollo intelectual y moral que emprende, éste debe conocer a fondo a cada uno de sus alumnos, y a la vez que practica la más equitativa imparcialidad, empleara diversos procedimientos con cada individuo.

                                                                                 Continuando con mis deducciones me vuelvo a preguntar (y hasta en voz alta )¿Cuál es el elemento primordial en la educación? ¿ Cuál es ese elemento sin el cual jamás se dará el proceso educativo?

                                            Creo, Doña Concha, que ambos habremos coincidido: son nuestros hijos. Sin ellos, no hay proceso educativo, sin ellos no hay educación. Es más, como padres y profesionales educadores, existimos en la medida en que existimos para ellos.

                                            Ahora bien, ¿Qué significado o significados puede tener esta afirmación. Puedo aportar algunas repuestas que, de camino, nos servirán como reflexión  inicial antes de seguir la tarea educativa con nuestros hijos.

                                            En primer lugar, supone una actitud interior, una actitud de corazón  y de alma que debe preceder a cualquier actividad o intervención. Una actitud que nos debe de llevar a “centrar” todo en la persona de nuestros hijos y observar todo lo demás como elementos “accesorios”, o periféricos. 

                                          Esto nos lleva a la evidencia de que lo importante no son tanto los medios (libros,  chándal, material.....), ni siquiera las técnicas, cuanto a nuestros hijos, principal y único sujeto de la educación.

                                            En segundo lugar, si centramos todo esto en ellos contemplaremos los aspectos relativos a sus personas: sus intereses, sus ansiedades, sus temores y dudas, sus éxitos y fracasos.

                                            Además, afrontare esta afirmación, haciendo un ejercicio de reflexión seria y profunda, en el que veremos a nuestros hijos en su esencia mas profunda como persona, como ser humano. Miremos su propio bien, su proyecto de vida (recién iniciado, no concluido). Según esto, nuestros hijos deben sentir que tenemos una actitud de apertura; también deberán sentir que nosotros, sus padres y profesores, estamos, más allá de éxitos o fracasos. Planteémosle que estamos dispuestos a construir su proyecto, que está dispuestos a ir más allá de nuestro propio yo, y de su propio yo, para construir un precioso “nosotros” educativo.

                                            Apoyemos en nosotros y nuestros hijos y alumnos el papel fundamental de la comunicación, de la escucha, del intercambio de ideas, del encuentro, de la participación.

                                            Partiendo de esta actitud interior, revisemos nuestra labor como padres y maestros, hagamos un pequeño examen de conciencia como educadores “centrados” en nuestros hijos y alumnos. Revisemos serenamente nuestras actitudes, aciertos y errores, nuestros recursos, el tiempo que les dedicamos, los medios que ponemos a su alcance...  siempre centrados en ellos.

                                            Para acabar, Sra. Dña. Concha, le dejo con una frase de un pedagogo italiano de principios de siglo: “El amor no tiene otro interés que el interés de la persona que ama. Solo con esta condición existe (el amor) y es noble y goza de las alegrías puras que no se conceden al egoísmo”.

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