|
|
|
 |
|
España
presenta una tasa media de fracaso escolar del 26 por ciento y supera en
cuatro puntos a la media europea. Aunque las cifras disminuyen a un ritmo de
dos puntos por curso en los últimos años, se demuestra que las Comunidades
Autónomas con mayor presupuesto destinado a educación son las que menos
acusan este fenómeno. Así, por ejemplo, mientras que Baleares arroja una
tasa de fracaso escolar del 30,1 por ciento, en comunidades como Navarra o
el País Vasco, el 88 y el 81 por ciento de los alumnos obtienen,
respectivamente, el graduado en Educación Secundaria. Estos datos se
desprenden de un estudio realizado por la Fundación para la Modernización de
España (FME) y están referidos al curso 1996/97. Los resultados del trabajo
se recogen en el libro El fracaso escolar –que incluye ponencias de
docentes, sociólogos, especialistas en la materia y responsables del mundo
de la enseñanza– y vienen a demostrar que éste no sólo es un problema
educativo, sino también social y familiar, y que los recursos económicos y
los aspectos socioculturales influyen muy directamente en el mismo.
El fracaso escolar confirma argumentos esgrimidos por muchos otros informes
precedentes: que la presencia en los centros de colectivos escolares con
menor arraigo e integración social aumenta el riesgo de fracaso escolar y
que a mayor nivel socioeconómico, educativo y cultural, menores dificultades
académicas. “Se ha podido constatar la estrecha relación existente entre el
rendimiento académico de los alumnos y su origen social”, señala en una de
las ponencias Carlos Ladrón de Guevara, ex presidente de la CEAPA. A su
juicio los niños económicamente desfavorecidos muestran en términos
generales mayores problemas de rendimiento respecto a los alumnos que
provienen de entornos económicamente más desahogados.
Nivel de estudios familiar
Los mismos parámetros aparecen reflejados en el último avance de
resultados sobre la Educación Primaria, realizado por el Instituto Nacional
de Calidad y Evaluación (INCE). A través de este estudio fueron encuestados
más de 10.000 escolares para comprobar sus conocimientos en áreas como
Lengua y Literatura, Matemáticas o Conocimiento del Medio. Y se comprueba
que, por ejemplo, en Lengua y Literatura existe una diferencia de 13 puntos
entre el porcentaje medio de aciertos de los alumnos cuyos padres no tienen
estudios y aquellos que son hijos de titulados universitarios. Los datos se
confirman en todas las áreas, con diferencias que van de 6 puntos en
Matemáticas hasta 14 en Conocimiento del Medio.
|
|
 |
Para Carlos Ladrón de Guevara un ambiente familiar socioculturalmente
deficitario puede ocasionar en el alumno consecuencias negativas para el
rendimiento, como disminución de la motivación del logro, asimilación de
modelos de conducta defectuosos, inadecuación entre los códigos de la
escuela y el individuo, falta de autocontrol en el trabajo y dificultades en
el lenguaje y la lectura.
Pero donde el fracaso escolar presenta su verdadero rostro es en la etapa
Secundaria, según demuestra el informe Sistema Estatal de Indicadores de la
Educación 2000, también elaborado por el INCE. Esta iniciativa del
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte pretende proporcionar información
sobre la situación general de la enseñanza, estableciendo un conjunto de
índices estadísticos significativos que aporten datos sobre la calidad del
sistema educativo y sus componentes. Y de este primer informe ya se
desprende que un 25 por ciento de los alumnos entre 14 y 16 años abandona
los estudios o no obtiene el título de graduado en la ESO y que el 40 por
ciento de los estudiantes de 15 años está en cursos inferiores a los que les
corresponden de acuerdo con su edad. Es decir, los alumnos de menor
rendimiento escolar se van acumulando en los primeros años de la ESO,
desnivelando poco a poco el denominado índice de idoneidad (porcentaje de
escolares que estudian el curso que les corresponde según su edad). De esta
forma, si a los 8 años la tasa de idoneidad es del 98 por ciento, a los 14
ya se ha reducido al 71 por ciento.
|
|
¿QUÉ SE PUEDE HACER?
Profesionales de la educación y expertos enumeran algunas de las medidas
que ayudarían a reducir el fracaso y abandono escolares:
• Mejorar la educación desde los primeros cursos, sin esperar a que los
problemas hagan su aparición.
• Establecer currículos abiertos y flexibles. Los planes de estudio
tienen que tener en cuenta los intereses y capacidades de los alumnos.
• Una enseñanza más conectada con la realidad. En muchas ocasiones los
alumnos perciben su esfuerzo como algo inútil y poco cercano.
• Reforzar el papel de la orientación y de la tutoría.
• Potenciar la formación permanente del profesorado y el desarrollo de
su carrera profesional.
• Avanzar hacia una educación personalizada, a través del diseño de
programas para atender a chicos superdotados o con discapacidades.
• Fomentar experiencias de éxito escolar y expectativas positivas hacia
el trabajo del alumno.
• Favorecer la presencia de educadores sociales, especialmente en
centros conflictivos, para colaborar en programas de educación familiar.
• Tener en cuenta la creciente realidad de la inmigración, elaborando
programas de educación intercultural.
• Dotar a los centros de tecnologías y promover la utilización educativa
de las mismas.
• Que todos los centros sostenidos con fondos públicos se comprometan en
la escolarización de alumnos con problemas o riesgo de abandono, de tal
forma que su presencia en públicos y concertados sea equilibrada.
• Disminución general de la ratio y que los centros que escolaricen
alumnos con problemas tengan un tamaño más reducido.
|
|
|
|
|
|
A juicio de los expertos, en una etapa crucial para la formación de la
persona como es el ciclo 12-16 años, habría que diseñar un sistema cuyos
objetivos mínimos puedan ser alcanzados por la gran mayoría. Aunque también
señalan las dificultades. Y es que, a diferencia de hace unos años, los
profesores –especialmente los de la enseñanza pública– se enfrentan ahora a
una nueva realidad: sus clases han dejado de ser homogéneas para dar paso a
alumnos con necesidades educativas especiales, minorías étnicas,
inmigrantes, discapacitados y las dificultades que se derivan de su
integración en los centros, algo para lo que no siempre cuentan con los
apoyos necesarios.
Alumnos conflictivos
No obstante los verdaderos problemas que se generan en el medio escolar los
suscitan los alumnos realmente conflictivos, muchos de los cuales acaban en
los centros públicos al no ser admitidos en los centros concertados y mucho
menos en los privados. Se trata de jóvenes cuyo comportamiento podría
resumirse así: desmotivados, sin interés por cualquier forma de aprendizaje,
socialmente desintegrados, muchas veces agresivos y, casi siempre, obligados
por sus familias o por el propio sistema a permanecer en los institutos. “La
incapacidad que muestran cierto tipo de jóvenes por cumplir con los
requerimientos de aprendizaje a partir de una determinada edad, por una
falta de preparación de hábitos en la familia o en la escuela, hace que
muchos de ellos piensen que no valen para estudiar y terminen abandonando
los estudios a los 11 o 12 años”, señala el sociólogo Pedro Casas en
referencia a una investigación sobre el fracaso escolar en la zona Sur de
Madrid. En las zonas más desfavorecidas este fenómeno conduce a muchos por
la senda de la marginación, la delincuencia o la droga, “puesto que a la
carencia de una adecuada formación, se añaden el rechazo a las instituciones
y una falta de bagaje de relaciones humanas en las que poder apoyarse”.
Según Pedro Casas, se debe prestar especial atención a determinados centros
“para evitar que se conviertan en guetos de marginación”, y atender a
medidas como la disminución de la ratio, la elaboración de proyectos
curriculares específicos, con el apoyo institucional y la formación
adecuada, y la intervención directa de los Servicios Sociales en los
centros, que permita abordar el contexto social y familiar de los alumnos.
El profesorado juega un papel protagonista en cualquier cruzada contra el
fracaso y abandono escolares. El coordinador del estudio de la FME, Álvaro
Marchesi, ex secretario de Estado de Educación, considera que el hecho de
que los alumnos sean cada vez más heterogéneos por la presencia en las aulas
de escolares de diferentes culturas, clases sociales, capacidades y
motivación, hace mucho más difícil la tarea de enseñar. “El esfuerzo del
profesor –apunta– es mucho mayor que en el pasado, por ello es
imprescindible fortalecer su trabajo e impulsar iniciativas en tres ámbitos
principales: su formación, sus condiciones de trabajo y su desarrollo
profesional”.
Desarrollo profesional
Seamus Hegarty, director de la Fundación Nacional para la Investigación
Educativa del Reino Unido, considera que “la formación inicial del
profesorado no puede abarcar todo lo que es necesario para ser un buen
profesor, el aprendizaje importante sólo puede tener lugar una vez que los
profesores hayan atravesado un mosaico de experiencias en la enseñanza”.
|
|
 |
Desde su punto de vista, el desarrollo
profesional continuo tiene un papel clave en lucha contra el fracaso
escolar. “Orientar a una escuela que ha perdido el norte, captar el interés
de los alumnos hostiles hacia los estudios y enseñar a alumnos que tienen
dificultades de aprendizaje, son tareas que se encuentran entre las más
estimulantes que afrontan los profesores, y exigen una gran capacidad de
liderazgo y enseñanza”.
Los estudiosos del fenómeno están de acuerdo en que el desarrollo de la
carrera profesional de los docentes (aumento de remuneración, promoción,
acceso a puestos de responsabilidad, reconocimiento social, etc.) serían
mejoras que repercutirían tanto en la labor profesional como en los propios
alumnos y su rendimiento académico. Otras acciones que pueden contribuir a
la disminución del fracaso escolar pasan por una mayor autonomía de los
centros, una inspección profesional e independiente, así como una dirección
de los centros educativos con alta capacidad de gestión de los recursos
humanos.
Autor: Daniel Vila |